A: A mi vecina Lené

Por poner en contacto a l@s vecin@s y ofrecernos la posibilidad de ayudarnos mutuamente

Gestos tan sencillos y tan maravillosos como el que tuvo ella, que con los recursos que tenía a la mano, dos folios, un rotulador negro, y cinta adhesiva, abrió un mundo de posibilidades.

Me encuentro confinada en el lugar donde he tenido que desplazarme por motivos laborales este curso académico, así que cuando se decretó el Estado de Alarma, solo llevaba dos meses viviendo en un bloque de viviendas, exactamente desde el pasado 13 de enero de este año, bloque que por cierto es enorme, tiene unas ocho viviendas por planta aproximadamente, y siete plantas, pero en las que prácticamente no vive nadie, porque son viviendas vacacionales, y solo conocía a dos personas, y no demasiado, una en mi bloque, y otra en el bloque de enfrente. El martes 17 de marzo por la tarde, después de estar todo el fin de semana completo encerrada en casa y todavía en estado de shock (y del que sinceramente aún no he salido del todo) , y tratando de asimilar la saturación de información recibida por distintos medios, salí por la puerta principal del edificio donde vivo y me encontré dos folios escritos a rotulador negro con sendos mensajes traducidos en español e inglés.

El primer folio decía: “Vecinos! Si alguien necesita ayuda (.e.j. supermercado, caminando con tu perro, etc.) me puedes llamar (+ nº de tlf) (o enviarme un Whatsapp)! Tambien hay un papel a escribir tu whatsapp (si quieres) a crear un grupo de Whatsapp por el edificio – juntos, como una comunidad, somos más fuerte! Cuidate! Tu vecina, Lené”. Y en el segundo folio, se podía leer el siguiente mensaje: “Si quieres, deja tu número de Whatsapp por un grupo del edificio! (Bien a ayudar todos en estos momentos!)”. Y luego escritas a mano, 4 columnas, con 45 números, del 1 al 45, para que quien quisiera, apuntara su número de teléfono. Un gesto tan sencillo y a la vez tan maravilloso , como coger dos folios, y escribir con un simple rotulador negro esos mensajes de unión y de ofrecimiento de ayuda, y ponerlos en la puerta principal del edificio, pegados con cinta adhesiva, me hizo sentirme mucho mejor y en sintonía con esta necesidad de apoyo mutuo en tiempos de incertidumbre. Por supuesto que me puse en contacto con esta vecina, a la que no conocía de nada, y curiosamente descubrí luego además que vivía en mi misma planta desde una semana antes de que yo llegara al bloque pero nunca nos habíamos cruzado.

Cuando la llamé para hablar con ella, me contó que había tenido esa iniciativa para ayudar a las personas mayores que vivían en el bloque, que por lo visto hay unas cuantas, y yo le conté entre otras cosas que soy profesora, y que me habían enviado a teletrabajar a casa, pero que no disponía de internet, y le comenté la necesidad de que alguien me echara una mano con esto, mientras conseguía contactar con alguna compañía que pudiera instalarme fibra en el apartamento. Ella no dudó ni un momento en facilitarme la clave de su red Wifi de forma totalmente altruista y generosa sin conocerme absolutamente de nada, aunque no funcionó.

Saber que hay personas en el mundo como Lené, te hacen sentirte arropada, abrir tu corazón y tener esperanza, y te invitan a tener gestos tan sencillos y tan maravillosos como el que tuvo ella, que con los recursos que tenía a la mano, dos folios, un rotulador negro, y cinta adhesiva, abrió un mundo de posibilidades.

Sonia

Costa del Sol (Málaga)