A: A Rubén, Alejandra y Blanca

Por compartir cada momento

Las personas más próximas con los gestos más cotidianos nos marcan y determinan nuestra manera de ver la vida. Sobre todo en los últimos años vivimos muy rápido y trabajamos mucho, y esta ha sido una oportunidad de pararnos, de disfrutar de nuestra casa que tanto nos gusta, de compartir todas las horas del día y cada momento.

Supongo que mi sensación de desconcierto cuando empezó todo esto la comparto con muchas más personas. Hasta los últimos días antes del confinamiento pensaba inocentemente que la situación no era tan grave como luego se vio que era. Me sentí y me sigo sintiendo en cierto modo culpable por no haberlo visto venir antes.

Lo primero fue pensar en mi madre, que aún estando relativamente bien de salud es mayor y vive sola. La organización de su bienestar dentro de la locura de esos primeros días fue lo primero de lo que me ocupé. También en mi tío, mucho mayor y encamado, y mi tía, que le cuida incansablemente aún siendo también mayor. Y en mi gente, familia y amigos. Que el brutal cambio y el aislamiento les pillase en la mejor situación posible, que sus entornos estuviesen bien de salud y no afectados por este terrible virus.

En los primeros días pasé de ver el virus y la amenaza a la salud como algo ajeno a mí y los míos, a sentir miedo al salir de casa para hacer las compras justas. Pasé de creerme inmune, de moverme y sentirme al margen del peligro, a alejarme de las personas que me cruzaba en el pasillo del súper, querer volver rápidamente a casa y ducharme para no tener ni rastro de nada de fuera de mi casa.

Sin lugar a dudas, Rubén y mis niñas Alejandra y Blanca han sido las personas que me han ayudado a llevar lo mejor posible esta situación.

Rubén es mi roca, la persona en la que siempre me puedo apoyar, mi hogar, mi referente. Su optimismo y actitud positiva, que de tan exageradas a veces incluso me desquician 😉 han ido imprimiendo su huella poco a poco en mi manera de ver la vida en todo el tiempo que llevamos juntos. ¡Y en momentos como este son tan importantes!

Sobre todo en los últimos años vivimos muy rápido y trabajamos mucho, y esta ha sido una oportunidad de pararnos, de disfrutar de nuestra casa que tanto nos gusta, de compartir todas las horas del día y cada momento, y está siendo maravilloso. Hemos adoptado unas rutinas estupendas que combinan comidas, recetas, charlas, cine, lecturas, ejercicio físico…

Con Alejandra busco momentos que antes no tenía, de nuevo por el ritmo endiablado de nuestro día a día. La sesión de cine diaria es el que más disfruto, descubrimos películas juntas y le muestro otras que por diversas razones me han marcado. Creo que de una manera u otra estamos sembrando un futuro para ella que deseamos inquieto. Con ganas de aprender, de ver, de conocer, un futuro en el que la literatura, el cine, el arte y la cultura en todas sus formas, espero tengan mucha presencia. ¡A mí me han dado tanto en tantas etapas de mi vida! En esta por ejemplo disfruto de ellas en muchos momentos de mi día a día, y consiguen llenarme tanto y ser mi refugio de una manera tan perfecta que me encantaría para mi hija lo mismo.

Y Blanca, con su tremenda energía, su capacidad de atención y comprensión de cada cosa que hace, su inteligencia y su sensibilidad, me regala momentos que son los que al final conforman la FELICIDAD con mayúsculas.

No sé si saldremos de esta situación algo mejores, espero que sea así y que recordemos más adelante muchas de las cosas buenas que están pasando a nuestro alrededor. Grandes gestos y esfuerzos de personas, empresas y organizaciones que debemos admirar y agradecer, que nos hablan de la bondad del ser humano, a pesar de todo. Y que en el día a día aprendamos a empatizar y a ponernos siempre en el lugar del otro, a no juzgar nunca.

Termino con una recomendación de cine, una película pequeña y sensible, humilde en su producción pero capaz de transmitir tanto que apabulla: “Verano de 1993”, de Carla Simón. Habla de la infancia, de la familia y de lo cercano, de la desolación de la pérdida, de la contención no deliberada de las emociones, y también de cómo las personas más próximas con los gestos más cotidianos nos marcan y determinan nuestra manera de ver la vida. Una película triste y delicada, como esta tremenda situación que estamos viviendo.

Eva

Vilagarcía de Arousa, Galicia