A: Al equipo médico y la red de afectos

Porque han tejido mi supervivencia

Tengo motivos de agradecimiento. Al equipo médico y de apoyo que me atendió en el Hospital Clínico de Madrid, con la doctora Irene Burruezo a la cabeza; a mi mujer, Yolanda, y mi hijo, Leonardo; a los amigos e incluso simples conocidos con los que me comuniqué durante esos días a modo de anclajes.

Hola. Me llamo Juan. Tengo 65 años. El día 14 de marzo enfermé de covid-19, pero no conseguí ser atendido hasta el día 24. Ingresé en el hospital ese día en estado grave y pasé 16 días en el hospital, con una neumonía salvaje, conectado al oxígeno y sometido a un tratamiento experimental que salió bien como podía haber salido mal. 

Llevo diez días en casa aislado. Dentro de cuatro más cumpliré el protocolo del coronavirus y después quedaré sometido al confinamiento general y transcurrirán varias semanas hasta que me reponga de la grave neumonía que me afectó.

Tengo motivos de agradecimiento, por supuesto. Al equipo médico y de apoyo que me atendió en el Hospital Clínico de Madrid, con la doctora Irene Burruezo a la cabeza (lamento  no saber los nombres de las y los demás); a mi mujer, Yolanda, y mi hijo, Leonardo, que han sido un soporte esencial durante los días durísimos pasados en el hospital; a los amigos e incluso simples conocidos con los que me comuniqué durante esos días a modo de anclajes a los que les pedía que me escribieran contándome lo que estaba pasando ahí fuera; a mi teléfono móvil y el cargador que llevé conmigo, gracias a los cuales estuve siempre conectado con la gente, con las redes sociales, con los periódicos, con la música (que tanto me ha ayudado), con la literatura (a la que siempre necesito): si alguien me vuelve a decir una palabra contra las nuevas tecnologías le daré con un hacha de sílex en la cabeza; en definitiva, a la red de afectos en torno a los cuales he podido tejer mi supervivencia.

Pero mentiría y sería deshonesto si dijera que solo tengo motivos de agradecimiento. Tengo también motivos de rencor y de resentimiento que pretendo canalizar en busca de respuestas. Necesito saber y estoy empeñado en indagar. Necesito buscar culpables y exigir responsabilidades. Me propongo pedir a mis conciudadanos un esfuerzo de reflexión. Y quiero que me pidan perdón todos aquellos, políticos, burócratas, gestores, pero también gentes de a pie, que han tenido culpa en lo que me ha pasado. Si yo también he cometido errores -frivolidad, exceso de confianza, falta de rigor- no dudaré en pedirlo también. Por eso mi empeño primordial es, por encima de todo: quiero saber.

Juan

Madrid